Iluminen su futuro.
Hoy es un día de
celebración en la Universidad del Norte, porque 146 de sus estudiantes verán
reconocidos los esfuerzos y sacrificios que marcaron sus días los últimos años:
recibirán el título que los habilitará como profesionales, magísteres o
especialistas clínicos en alguno de los programas de nuestra División.
Son ustedes, apreciados
graduandos, el centro de atención de esta ceremonia y a quienes dirigiré las
siguientes reflexiones.
Para empezar,
quiero reiterar que ustedes deben considerarse privilegiados: han recibido una
educación de calidad que les permitirá crecer como personas y profesionales.
Confiamos en que será así porque la excelencia es un sello que desde los
profesores y la universidad inculcamos en quienes confían en nosotros para
desarrollar sus capacidades. Pero, lamentablemente, la situación de la región
Caribe colombiana, en general, todavía presenta rezagos con respecto a la
educación superior, en comparación con el resto del país.
Los últimos
datos disponibles del Índice de Progreso de la Educación Superior del Ministerio de Educación Nacional —un indicador que condensa la evolución de la
calidad, el acceso, y el logro de los estudiantes colombianos que asisten a
este nivel educativo—, que incluyen información hasta el 2015, evidencian los
innegables progresos alcanzados como país en la última década, pero también, el
rezago que en esta materia tenemos en la Costa Caribe con respecto al centro
del país y, en especial, con la capital.
Para los
expertos, en estas diferencias se hace evidente el impacto de las causas comunes de
los grandes problemas que nos afectan como región.
Una educación
superior difícilmente puede alcanzar niveles satisfactorios de progreso si no
va precedida de intervenciones efectivas en la infancia temprana. Mientras a la
niñez de nuestros departamentos se le siga negando las ventajas de una
alimentación escolar adecuada en cantidad y contenido, será imposible
protegerla de las consecuencias desbastadoras de ese flagelo llamado
malnutrición. Muchos investigadores a nivel mundial han mostrado ampliamente
que una nutrición infantil inadecuada limita las posibilidades de desarrollo
cognitivo en etapas posteriores de la vida y, por lo tanto, las posibilidades
de alcanzar logros significativos en educación.
Por otro lado,
la educación superior con acceso pobre y calidad dudosa nunca logra convertirse en la
herramienta transformadora y movilizadora social que, sabemos, puede llegar a
ser. La calidad en las instituciones de educación de nuestra región Caribe no
puede ser exclusiva del sector privado. No es posible que como sociedad civil
sigamos indiferentes ante la profunda crisis de gobernabilidad en nuestras
universidades públicas, y tampoco que ignoremos sistemáticamente el daño que
nos hacen los negocios privados disfrazados de servicios públicos.
Hasta aquí he
usado la diferencia que existe entre el Índice de Progreso de la Educación
Superior de nuestra región y el del centro del país para mostrarles, a manera
de ejemplo, dos situaciones que ustedes deberán enfrentar con propuestas
innovadoras para corregirlas definitivamente.
Para aportar al
cierre de la brecha en mención se han venido realizando muchos esfuerzos
sostenidos desde esta casa del saber. El trabajar permanentemente por acreditar
en calidad nuestros programas, el generar fondos propios y externos para las
becas institucionales y el acompañar a estudiantes en riesgo, son algunas de
las acciones que orgullosamente podemos mostrar como evidencia concreta de
nuestro compromiso con el mejoramiento de la situación descrita.
Los logros de
las acciones nunca alcanzarán su verdadero potencial transformador sin la
participación de ustedes, ahora que se convierten en nuestros egresados.
Estamos seguros de que los hemos preparado académicamente para que nos ayuden
en este propósito institucional de promover la transformación de la realidad social
de esta región. Desde los diferentes sitios donde decidan realizarse como
profesionales este también deberá ser su propósito humano. Trabajen para que
así sea.
Con intención he
utilizado la Educación y no la Salud para mostrarles que, además de buenos
médicos, enfermeras, magísteres o especialistas clínicos, nuestra región y
nuestro país necesita que ustedes sean buenos ciudadanos. Las dificultades
actuales solo podrán ser resueltas satisfactoriamente si logramos reconocer en
nuestros semejantes a seres humanos con los mismos derechos y deberes que
nosotros. Como bien cita el Dr. Mauricio García en su reciente libro “El orden de la libertad”: tenemos que pasar, como sociedad, del ¿usted no sabe quién soy
yo?, al ¿usted quién se cree?.
Sus profesores y
familiares confiamos, en que usarán la historia de nuestra región para iluminar
su futuro; de este modo evitaremos que este se vislumbre en tinieblas. En ese
futuro que ustedes ayudarán a construir deberán brillar sus propuestas éticas
para que sean estas las que nos lleven a la anhelada convivencia y al esperado
definitivo desarrollo.
Son ustedes
ahora los llamados a mostrarle a la sociedad que la injusticia social no puede
nunca volver a justificar la rebelión contra la ley. La única rebelión que para
ustedes estará permitida será la de los argumentos, y el arma más poderosa que
tendrán para desarrollarla será la de un ejercicio ético de sus profesiones.
Termino
apoyándome en los mensajes recientes de un par de líderes mundiales que de
manera sencilla invitan a los jóvenes a no dejarse robar la esperanza y tampoco
dejarse convencer por esos fatalistas que ven en los tiempos actuales el temido
apocalipsis. El futuro es de ustedes, constrúyanlo para el beneficio de la
sociedad en cada acción profesional que emprendan.
Felicitaciones a
ustedes y a sus familias por este nuevo logro académico alcanzado.
Palabras ceremonia de grado División Ciencias de la Salud - Universidad del Norte - Barranquilla - Diciembre 15, 2017.