Inmediatamente después del pitazo final del pasado Martes en Lima, comentarios de prensa y notas de noticieros hicieron eco de una supuesta queja formal que la Federación Chilena de Fútbol presentaría ante la FIFA por su selección; en mis palabras, por haber perdido lo que no lograron ganar.
Fue inevitable ante semejantes hecho hacer un símil con la realidad política de cierto grupo de nuestro país; empecemos:
Mientras estaban en las buenas ( campeones de América ) no les importaba que sus jugadores se fueran de farra , violaran las normas y se mofaran de sus contrincantes. Las normas eran para los otros , ellos lo hacían porque querían y podían; para eso eran los que mandaban.
Esas ínfulas de seres superiores y de creerse indispensables en la cita mundialista 2018 los llevó, ante un inexplicable empate en casa con Bolivia, a reclamar de manera extemporánea los puntos perdidos en el campo. Fueron capaces de adaptar las reglas a su conveniencia, aún en contra de la historia.
Llegó la hora de ser “juzgados” nuevamente por Brasil y acudieron a la cita convencidos de que la misma sólo sería de trámite, porque su soberbia no les permitía aceptar que el ofendido perdona pero no olvida y que todavía viven muchos en Brasil que recuerdan el “condorazo” de Rojas en el 89, ese falso positivo que los castigó sin eliminatoria para USA 94.
Empezado el juicio quedó claro la superioridad futbolística del rival; Brasil "les pintó la cara" con hechos y goles, no con amenazas a fantasmas vecinos como el de la Uruguay del Maracanazo. De poco les sirvió haber gritado ser superiores , no lo demostraron cuando pudieron y ahora era ya tarde para hacerlo.
Una vez se acabó el efímero poder solo quedaba culpar a otro por la incapacidad propia; decir que un equipo serio con un capitán y líder reconocido por el planeta futbol como un luchador de convicciones arreglo un partido por encima de las leyes, suena necesariamente a proyectar lo que ellos hicieron en Sudáfrica 2010 o es que acaso en ese arreglo la culpa fue solo de España; de ser así, sería igual al cohecho de uno solo tan famoso en nuestro país.
A esos mismos que tanto les molesta los éxitos del país que no llevan el sello de hecho por ellos les cuesta aceptar que nuestro equipo y el de los Peruanos, en los últimos minutos entendieron que en todo conflicto hay un punto después del cual se sigue luchando por inercia y no por las causas originales, y que es en ese momento cuando hay que aceptar que prolongar el conflicto solo traerá más dolor a vencedores y vencidos; o es que acaso seríamos más felices si hubiésemos ganado y sacado a Perú del repechaje?
Hoy estamos todos felices, vamos a Rusia pasando por Europa sin tener que sacar visa; Perú nuestro enemigo de la semana pasada deberá ahora luchar contra su historia de desorganización y corrupción para demostrar que pudo cambiar y merece ser también tratado con respeto, aún en medio de las diferencias.
Terminemos entonces aceptando que la fiesta del mundial se dará porque la vida sigue; se le reconoce a Chile el haber sido gran animador de la eliminatoria, al igual que al líder del grupo en cuestión el haber orientado el país cuando el caos era total. La música ahora será otra y si quieren retomar el rumbo que los llevo a ser reyes en América deben empezar por reconocer que no son indispensables y que al igual que han hecho los otros, las buenas prácticas son para aprenderlas.