lunes, 11 de noviembre de 2019

Finaliza una década

Está muy próximo el final de la segunda década del siglo XXI. En menos de 60 días estaremos ruidosamente despidiendo los diez años que a mi modo de ver han sido los más disruptivos que he vivido. Sustentaré a continuación mi convicción desde tres ámbitos: social, tecnológico y político. Por cuestión de espacio me limitaré a citar unas pocas transformaciones, dejando por supuesto la  lista abierta para ser enriquecida por ustedes si comparten mi valoración.
En lo social, Facebook, con sus más de 2.000 millones de usuarios activos por mes, sigue siendo la plataforma más popular, seguida de cerca por Youtube, Whatsapp, Wechat e Instagram. Cifras recientes del informe global digital muestran que aproximadamente el 46% de la población mundial es usuaria de estas redes, porcentaje que en 2010 no superaba el 5%. Para muchos de nosotros es una verdad incuestionable que estas nuevas formas de interacción social nos acercaron a quienes están lejos físicamente, y nos alejaron de los que tenemos cerca. Comunicarnos, usando estas herramientas, relegó el contacto personal ante el virtual, permitiéndonos además hacer cosas de las que nos avergonzaríamos hasta hace unos años; por ejemplo, difundir información sin confirmar que denigra a personas no afines a nuestras preferencias políticas o religiosas.
En lo tecnológico, una compañía creada en el siglo pasado, Netflix, inició en 2011 operaciones por fuera de los Estados Unidos y Canadá. Esta decisión administrativa se apoyó en la implementación de un algoritmo que permitía, basado en las series y películas que habíamos visto, organizar los nuevos contenidos que nos serían ofertados. Con la información que la empresa recogía y procesaba de nosotros empezó a ser posible predecir con alto grado de certeza a qué hora del día, o qué día de la semana nos debería llegar la notificación de una nueva película del director o actor que el sistema había aprendido nos gustaría ver. Desde entonces las compañías de comercio electrónico y las campañas políticas usan estas herramientas para “construir” nuestra realidad e inducir nuestro consumo. Se calcula que Netflix hoy ocupa el 25% de la capacidad de banda ancha del planeta en un año: imaginen el gran poder que la empresa tiene en “crear” una idea de sociedad con series como House of cards, El mecanismo o Nada es privado.
En lo político, el irrespeto a las instituciones y a las personas que ostentan el poder se convirtió en moda durante esta década. Reposarán en los libros de historia los insultos soeces carentes de fundamentación argumentativa lanzados por dirigentes políticos nacionales e internacionales en contra de los que ellos habían materializado como amenaza para sus adeptos. La dignidad de un cargo dejó de ser usada para respetar la dignidad propia, y palabras como traidor, delincuente, corrupta o perdedora, llenaron las primeras páginas de periódicos y fueron tendencia de redes y medios de comunicación alrededor del mundo.
Las anteriores transformaciones sucedieron sin que notáramos que estaban sucediendo. Ellas modificaron de modo dramático la forma en que nos comportamos cuando interactuamos con nuestros semejantes, nos divertimos o decidimos el futuro de nuestros países. En mi opinión, aún no hemos logrado adaptarnos totalmente a su presencia. Nos movimos muy rápidamente del extremo racional al emocional en la toma de decisiones, lo cual en términos sociales y políticos se evidencia con la expansión del populismo por el planeta.

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@hmbaquero

Columna de opinión publicada 8 de Noviembre 2019 en El Heraldo

Lecturas complementarias:

1. Estadísticas de redes sociales 2019 : Usuarios de Facebook, Twitter, otros. https://www.juancmejia.com/marketing-digital/estadisticas-de-redes-sociales-usuarios-de-facebook-instagram-linkedin-twitter-whatsapp-y-otros-infografia/

2. El origen de Netflix -  https://www.muyinteresante.es/tecnologia/articulo/el-origen-de-netflix-911543916131


3. 
Cebrián: “Las redes sociales promueven el populismo” -  https://elpais.com/internacional/2017/12/01/america/1512163256_040646.html

Ya no es divertido


Los últimos meses han sido muy exitosos en términos deportivos para el país. El triunfo de Bernal en el tour de Francia, las victorias de Farah y Cabal en tenis, la medalla de plata de Zambrano en atletismo y los excelentes resultados de Muñoz en el golf profesional de los Estados Unidos, son algunos ejemplos de los inéditos triunfos alcanzados por nuestros deportistas en este año que finaliza. 
Un deportista destacado en la alta competencia mundial se convierte en referente para niños y jóvenes que se inician en la práctica deportiva. Hacer deporte desde la temprana infancia, genera beneficios directos por la actividad física que se realiza. También ayuda al desarrollo psicosocial del joven al hacerlo experimentar triunfos y fracasos, valorar el trabajo en equipo y calcular el riesgo de las acciones que se emprenden. De manera reciente se ha agregado a la lista de beneficios la distancia que se toma de los omnipresentes dispositivos móviles.
Hasta aquí todo parece maravilloso, tener deportistas famosos que representan al país hace que más niños y jóvenes hagan deporte, sin embargo, cifras de la encuesta de hábitos deportivos de la población escolar española y de la Unión Nacional del Deporte Juvenil de los Estados Unidos han descrito un fenómeno que llaman “ya no es divertido” y que se resume en que muchos de esos iniciados por imitación, abandonan la actividad deportiva alrededor de los 13 años de edad. Las razones que explican esta no deseada realidad incluyen la concentración excluyente que hace el sistema deportivo nacional en solo aquellos jugadores que son altamente competitivos y la pérdida de motivación individual generada por la irracional presión que algunos padres colocan a sus hijos, intentando que ellos rindan como prodigios en todas las actividades lúdicas o académicas que emprendan. 
Alcanzar un nivel élite de desempeño le exige al joven deportista priorizar sus intereses y trabajar en manejar la angustia de competir en ese grupo superior. Si lo anterior no lo hace apoyado en un ambiente familiar y social saludable, los resultados de las competencias se pueden convertir en fuente de estrés y en algunos casos llevar a la aparición de trastornos de ansiedad y depresión. Esa obsesión por el éxito y la especialización que ha infiltrado nuestra cotidianeidad se refleja en el deporte infantil con el abandono de aquellas actividades en las que los niños no logren desde un principio ser los mejores. La opción de seguir jugando solo por diversión se acaba y con ella la posibilidad de desarrollar hábitos saludables de vida. 
Encabezados por el nuevo Ministerio del Deporte, los organismos rectores de la diferentes disciplinas deben garantizar que su misión de promocionar el bienestar y la calidad de vida a través de la realización de actividades deportivas se cumpla, así ello implique el tener que transformar su cultura organizacional, que en algunos casos continua priorizando el logro y los éxitos deportivos por encima de la felicidad y la salud emocional y física de los deportistas. Un ejemplo de como hacerlo bien lo esta dando la Federación Colombiana de Golf con su nueva División Junior.
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Columna de opinión publicada 25 de Octubre 2019 en El Heraldo

https://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/hernando-baquero-latorre/ya-no-es-divertido-675253

Lecturas complementarias:

Nobel y sabios

El oxígeno constituye una parte importante de nuestra atmósfera y es indispensable para sostener la vida en el planeta.
Los primeros experimentos descritos que citan al oxígeno, sin reconocerlo como tal, se realizaron en la antigua Grecia, en el segundo siglo antes de Cristo. A partir de entonces muchos investigadores en la historia de la humanidad, incluyendo entre ellos a Leonardo da Vinci, se ocuparon del gas del aire que se consumía durante la combustión y la respiración. Sin embargo, fue solo a finales del siglo XVIII cuando el químico francés Antoine Lavoisier llamó por primera vez a ese “gas esencial” como oxígeno, el cual, un siglo antes de recibir su nombre ya se había logrado producir en condiciones experimentales en algunos laboratorios de la época.
El oxígeno es el medicamento más usado en la terapia médica hospitalaria, por eso tal vez es uno de los elementos de la tabla periódica mejor estudiados en salud. Cuando está indicado y en las concentraciones correctas ayuda a tratar muchas condiciones graves. En exceso puede producir daños, algunos completamente probados, especialmente en los recién nacidos prematuros. Otros efectos no deseados aún están en investigación, como el aumento en la frecuencia de infecciones en pacientes después de cirugías o la aparición de ciertos tipos de tumores.
Después de siglos de investigación básica realizada por muchos investigadores de diferentes épocas, sin que muchos de ellos tuviesen clara la aplicabilidad de sus trabajos (hecho que en términos de una funcionaria colombiana de alto rango hubiese sido catalogado como vanidad), dos investigadores norteamericanos y uno británico recibieron este año el premio Nobel de Medicina por sus aportes a la ciencia en el campo concreto de descifrar, por fin, cómo las células se adaptan a las concentraciones cambiantes de oxígeno y de qué manera esto incide en la gran mayoría de actividades y procesos que suceden en nuestro organismo.
Los trabajos de investigación premiados aún no contribuyen a la vida digna (sea lo que esto signifique para la coordinación de la misión de sabios Colombianos), pero aportan mucho al conocimiento para que en un futuro, ojalá cercano, se pueda traducir en intervenciones clínicas que ayuden a tratar y ojalá prevenir condiciones patológicas en los seres humanos.
Supeditar la agenda de investigación de un país a la innovación y competitividad puede llevarnos a sacrificar la investigación básica, lo cual en términos de expertos limitará las posibilidades de éxito en el proceso de inserción internacional de nuestras comunidades científicas. Muchos de los grandes adelantos tecnológicos en salud se han logrado después de muchos años de iterar con fragmentos de ideas obtenidas en investigaciones básicas realizadas por investigadores a quienes sólo motivó su curiosidad.
Los que enseñan a innovar enfatizan en que un “excesivo orden” y poca libertad en la formación y en el trabajo de investigadores funciona como un arma de instrucción masiva que destruye de manera efectiva la anhelada competitividad.
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Columna de opinión publicada 11 de Octubre 2019 en El Heraldo

https://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/hernando-baquero-latorre/nobel-y-sabios-672045

Lecturas complementarias:

Cambio climático

Una prestigiosa revista internacional publicó la semana pasada un interesante artículo donde el autor imaginaba estar en el año 2050 reflexionando acerca de la lucha contra el cambio climático iniciada con gran determinación por todos los países del planeta en 2020.
Su primera gran conclusión era que la civilización no había salido ilesa. Incluso, cuando apenas el cambio empezaba, ya el impacto se podía medir en seres humanos fallecidos de manera prematura. Respirar humo de los múltiples y permanentes incendios forestales había aumentado la frecuencia y severidad de las enfermedades respiratorias, cardiovasculares y mentales. El deshielo de glaciares había expuesto nuevos agentes infecciosos contra los cuales no se tenían defensas. 
La segunda conclusión era casi un lamento al constatar, que si bien desde finales del Siglo XX, las formas más baratas de generar electricidad -las renovable- estaban disponibles, no fueron usadas de manera generalizada por la comunidad. Los ingenieros habían hecho bien su trabajo optimizando la generación a partir del sol y del viento, pero lo grandes intereses económicos no permitieron que rápidamente los precios disminuyeran para masificar su consumo.
Su última conclusión lo mortificaba mucho y claramente estaba centrada en la evidencia del engaño que había sufrido la humanidad con noticias falsas que desinformaron negando el inminente cambio climático, a pesar de haber sido advertido desde 1990 por la prensa libre. Su malestar aumentaba al evidenciar, en la lectura de artículos de periodistas de investigación, que la industria de los combustibles fósiles había logrado retardar la implementación de decididas medidas globales sobornando medios de información y jueces.
Lo anterior, si bien se trata de un texto de ficción, podría llegar a vivirse incluso en dimensiones peores. Las condiciones para que el cambio climático nos afecte severamente están dadas. De manera irracional insistimos en resolver el calentamiento global sin modificar de fondo los comportamientos que lo generaron. Parecemos estar ya resignados a que este siglo, en términos evolutivos, pase a la historia como uno de los más miserables de la historia de la humanidad. Nos guste aceptarlo o no, con el calentamiento la civilización tambaleará y una enorme cantidad de personas sufrirá de manera injusta y abrumadora, entre ellas los millones que migrarán para convertirse en refugiados climáticos. 
Durante el último siglo la actividad económica de la sociedad ha sido el principal lente a través del cual se estratifica y se toman decisiones en el mundo. De continuar la inacción frente a la realidad climática es muy posible que la supervivencia se convierta ahora en el gran determinante de las acciones. Debemos aceptar que la aptitud desafiante ante la naturaleza, que hemos mostrado en la modernidad, debe dar paso al orgullo de adaptarnos con gracia a un mundo natural que respetemos. Si bien, algunos siguen confiados en que la estabilidad de la temperatura global en los últimos 10.000 años poco se puede afectar desde lo individual, la evidencia científica nos avasalla con lo contrario.
¡Es hora de actuar !

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Columna de opinión publicada 27 de Septiembre 2019 en El Heraldo

https://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/hernando-baquero-latorre/cambio-climatico-668469

Lecturas complementarias:

Ocupación y salud

El ser humano con su actividad laboral ha transformado el mundo. En la antigüedad la minería era una actividad económica fundamental. Su práctica, realizada principalmente por presidiarios y esclavos, se hacía sin ningún tipo de protección a pesar que de que ya existían indicios de que el trabajo en minas exponía a las personas a riesgos importantes de su salud.
La revolución industrial introdujo las máquinas en muchos procesos, las cuales tenían en común el peligro que su uso entrañaba para sus operarios. Las lesiones profesionales, e inclusive la muerte, eran amenazas reales y constantes que se magnificaban ante la ausencia de legislación para proteger al trabajador con prevención o rehabilitación.
El siglo XX trajo consigo la creación de la Organización Internacional del Trabajo y con ella la globalización del concepto de salud ocupacional, entendido como la actividad multidisciplinaria que busca promover y proteger la salud de los trabajadores, lo cual se logra si se previenen los riesgos y se eliminan los factores y condiciones que ponen en peligro la salud y seguridad en el trabajo.
Las primeras intervenciones en salud ocupacional se hicieron sobre los riesgos que incrementaban los accidentes directos que ocurrían durante el trabajo y que se ocasionaban por explosiones, quemaduras o cortaduras principalmente. Los adelantos tecnológicos identificaron nuevos riesgos asociados con el desarrollo de problemas de salud en el largo plazo. Un ejemplo de lo anterior fue la exposición a rayos x por parte del personal sanitario que trabajaba con imágenes diagnósticas y el posterior desarrollo de algunos tipos de cánceres. De manera general surgió entonces el concepto de enfermedades ocupacionales (ya no eran solo accidentes), y dentro de ellas se agruparon condiciones que van desde los dolores crónicos hasta algunos tipos de problemas mentales.
Los riesgos laborales y las enfermedades que condicionan se siguen modificando. Una muestra de lo anterior fueron las tristes noticias de esta semana cuando, al cumplirse los 18 años del vil ataque terrorista contra el World Trade Center en Nueva York, contaron que a la fecha han fallecido 200 bomberos que participaron en las labores de salvamento durante el 9/11 a causa de enfermedades relacionadas con las actividades que realizaron durante la atención de la emergencia. Las revistas científicas desde el año siguiente de los atentados empezaron a describir cuadros respiratorios severos asociados al antecedente de haber respirado el aire denso de la zona cero. A cinco años de la exposición ocupacional la función pulmonar de estos pacientes había empeorado dramáticamente y las probabilidades de desarrollar un cáncer se habían incrementado un 19% con respecto a la población general. También se ha sugerido una fuerte asociación entre la exposición laboral durante el rescate y enfermedades cardiovasculares y trastornos psicológicos.
En Colombia poco hemos estudiado las enfermedades ocupacionales en profesionales y trabajadores de “oficios riesgosos” en medio del conflicto interno (militares, personal de salud, políticos, entre otros). En el conocimiento de estas condiciones podríamos encontrar otra buena justificación para seguir luchando por preservar la paz.

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Columna de opinión publicada 13 de Septiembre 2019 en El Heraldo

https://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/hernando-baquero-latorre/ocupacion-y-salud-664875

Lecturas complementarias:

Vectores

Como polisemia se define en lingüística el hecho de que una palabra tenga varias acepciones. La palabra vector ejemplariza perfectamente el fenómeno antes anotado, pues en algunos momentos de nuestras vidas la usamos para describir un elemento en física o matemáticas y en otros para referirnos a un ser vivo que puede transmitir una enfermedad. Por cuestiones de oficio, y evitando meterme en terrenos que no son de mi dominio, durante este texto cuando me refiera a vector estaré usando el significado biológico de la palabra.
Insectos y enfermedades tienen una antigua relación. Bien descrita está en la historia de la humanidad la “peste negra”, enfermedad producida por una bacteria que se propaga por pulgas y que se calcula mató al 20% de la población mundial en el siglo XIV. Fue tan dramático su impacto en esa oportunidad que aún hoy en día se considera fue la provocación que necesitó la sociedad para evolucionar a una época de cambio.
A pesar de los grandes avances tecnológicos de nuestra era, las garrapatas, moscas, pulgas y una gran variedad de insectos continúan transmitiendo patologías que causan cada año, la no despreciable cifra, de 700.000 muertes en el planeta. Las más conocidas en nuestro medio por su frecuencia son el paludismo, el dengue y la enfermedad de Chagas, las dos primeras transmitidas por mosquitos y la última por un chinche. Son tan importantes ellas en términos de salud pública, que esta semana que termina, el Instituto Nacional de Salud, el Ministerio de Salud y la Secretaria de Salud Departamental organizaron en Barranquilla una reunión científica de tres días para dialogar académicamente de estas enfermedades transmitidas por vectores. La preocupación de los organismos gubernamentales gira, entre otros, alrededor de fenómenos ambientales como los determinados por el calentamiento global, donde las temperaturas más cálidas y las sequías en zonas húmedas, que ralentizan los cursos de agua, favorecen el desarrollo de criaderos de mosquitos en zonas donde históricamente no se daban. Lo anterior, unido a la irracional deforestación y a la transformación sin control de suelos en agrícolas, genera ecosistemas escasos en biodiversidad y limitados en depredadores naturales que favorecen la proliferación de estos insectos.
La nueva dinámica que se está generando entre enfermedades y vectores hace imperiosa la necesidad de estar vigilantes ante la aparición de casos de estas enfermedades transmitidas por vectores en zonas de muy baja o nula frecuencia históricas para las mismas. Los miembros que conforman los equipo de salud en cada unidad de atención en nuestro país tienen la obligación de consultar el Boletín Epidemiológico Semanal del Instituto Nacional de Salud, herramienta que construyen silenciosamente epidemiólogos de campo, salubristas y comunicadores entre otros, en la cual se reporta el comportamiento de las condiciones de salud con importancia epidemiológica para las regiones y para el país. La información contenida en el Boletín es una de las mejores armas que podemos usar para detectar de manera precoz comportamientos atípicos de condiciones de salud como las mencionadas en esta columna.
Hace unas semanas, en la sección “Sapiens” de este diario (edición virtual) se explicó de manera muy gráfica la forma en que el Instituto realiza su trabajo de vigilancia epidemiológica y la importancia que tiene el hecho que desde las regiones cumplamos con los compromisos adquiridos de realizar reportes oportunos y confiables. Recomiendo consultar este valioso material.

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Columna de opinión publicada 30 de Agosto 2019 en El Heraldo

https://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/hernando-baquero-latorre/vectores-661607

Lecturas complementarias:

DEA

Si usted se aventuró a leer esta columna por su título, debo empezar por advertirle que nada tiene que ver con el trillado tema del narcotráfico y mucho menos con la famosa agencia del Departamento de Justicia de los Estados Unidos.
DEA en este texto será el acrónimo con el que me referiré a los desfibriladores externos automáticos, equipos biomédicos que gracias al decreto 1465 de 2019 que reglamenta su uso, podrán ayudar a salvar algunas de las 30.000 vidas que cada año terminan en nuestro país como consecuencia de infartos y paros cardíacos, muchos de los cuales se presentan por fuera de las instituciones de salud. Estos equipos, como su nombre lo indica, guían de manera autónoma su uso seguro y eficiente ante situaciones de emergencia que demanden su aplicación. 
Una parada cardíaca súbita es un evento potencialmente mortal usualmente secundario a un ritmo cardíaco anormal ( fibrilación ventricular ). El corazón deja de latir y la circulación de la sangre se detiene. Por cada minuto de tiempo que esta situación persista, la posibilidad de recuperarse disminuye en un 10%, lo que significa que si no se interviene de manera verdaderamente urgente, las probabilidades de supervivencia se agotan muy rápidamente. En Europa, antes de que los DEA se ubicaran obligatoriamente en sitios públicos, solo el 10% de las 400.000 personas que por año sufrían una parada cardíaca súbita por fuera de un hospital sobrevivían.
Por improbable que parezca y aterrador que suene, cualquiera de nosotros, deportistas o sedentarios, jóvenes o viejos, puede presenciar o peor aún, presentar un trastorno severo del ritmo cardíaco, de los que potencialmente desencadenan un paro cardíaco. Los gigantes tecnológicos conscientes de lo frecuente y catastrófico de estas situaciones han logrado que muchos de sus relojes y manillas electrónicas de última generación detecten alteraciones en la frecuencia y en el ritmo del corazón. Estos artilugios de manera casi constante registran datos biológicos del usuario y cuando identifican alguna anormalidad en ellos, emiten alarmas que deben ser atendidas de manera urgente por personal especializado.  
Ahora bien, los DEA son solo una pieza fundamental de la respuesta ante estas dramáticas situaciones, la cual también debe incluir el inicio inmediato de reanimación básica y la notificación a los servicios de atención de urgencias medicalizadas. La experiencia en otros países ha mostrado que el gran reto para lograr el mayor impacto posible con la instalación obligatoria de los DEA se consigue informando a la comunidad dónde se encuentran los más cercanos y logrando que muchas personas con profesiones u oficios diferentes al área de la salud, se interesen en formarse para usarlos e iniciar una reanimación cuando sea necesario. 
Nuestro país llega con retraso en el contexto mundial a la obligatoriedad de contar con DEA en espacios con alta afluencia de público. La ley se firmó en mayo de 2017 y solo hasta esta semana se emitió el decreto reglamentario. Esperamos ahora que los tiempos y las indicaciones para la implementación de las medidas se cumplan, pues es bien sabido que desde la Colonia en este lado del planeta, muchas leyes se acatan pero no se cumplen.

Columna de opinión publicada 16 de Agosto 2019 en El Heraldo

https://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/hernando-baquero-latorre/dea-658104

Lecturas complementarias:

viernes, 2 de agosto de 2019

A los nuevos bachilleres

Cada seis meses un innumerable grupo de jóvenes disfruta lo que para muchos de ellos es el primer importante logro en su vida académica, obtener el título  de bachiller. Ceremonias, fiestas, celebraciones reúnen a los graduandos con sus familias, amigos y seres queridos. No es para menos, están terminando una etapa de formación que los habilita ahora para acceder a la educación superior.
Desafortunadamente la historia no continua de manera feliz para todos. Una sumatoria de factores económicos y de cupos hace que en el país solo un poco más del 40% de ellos logren iniciar una carrera universitaria. Dejando de lado los factores de inequidad en el acceso ( costo de matriculas ) , los aspirantes deben enfrentarse a rigurosos procesos de admisión, los cuales en la gran mayoría de universidades están basados en los resultados obtenidos en las pruebas Saber 11. La prueba como todo instrumento de evaluación en educación dista mucho de ser perfecta, pero proporciona información útil como ejercicio de autoevaluación para el estudiante con miras al desarrollo de su proyecto de vida. 
El estudiante, y de manera ideal el colegio del cual egresó, deberían rigurosamente revisar los resultados de Saber 11 identificando fortalezas y debilidades en el nuevo bachiller. Ilustrando con un ejemplo, si el resultado muestra fuertes competencias en lectura, comprensión de números y cantidades, casi con total seguridad se puede predecir que ese joven se desempeñará eficientemente en cualquier disciplina del saber que elija. Identificar habilidades de pensamiento crítico garantizará su capacidad para buscar y valorar información, lo cual resulta indispensable en el mundo actual. No es deseable entonces enfrentarse al reto de iniciar una carrera universitaria sin haber valorado con este importante insumo las posibilidades reales de lograr el éxito en los estudios que se emprendan.
No obtener un rendimiento satisfactorio en la prueba entristece al graduando y a la familia, pues en muchos casos esto termina limitando su acceso a la institución de educación superior que se deseaba. Si la vocación es clara, el mejor consejo para el desconsolado aspirante es el de tomarse un tiempo para reforzar competencias en las cuales no mostró un adecuado rendimiento, lo que lo pondrá en optimas condiciones para obtener en una nueva presentación de la prueba, el resultado por encima del cual las posibilidades de fracaso académico prácticamente desaparecen.
Insistiendo en la no perfección de la prueba, es esta hoy en día la manera más objetiva que tenemos en nuestro país de asignar los escasos cupos universitarios. Hacerlo sin respetar estos resultados terminarían convirtiendo estos procesos de selección en instrumentos de más discriminación e inequidad. 
Felicitaciones a los nuevos bachilleres y a sus familias, a disfrutar con moderación de las celebraciones y la invitación para algunos a entender que la prisa y los atajos en la vida no suelen ser buenos compañeros de viaje.
Pd: Felicitaciones Nena, gracias por hacernos sentir tan felices con tus logros.

Columna de opinión publicada 14 de Junio 2019 en El Heraldo


La banca siempre gana

Inició la Copa América y la selección Colombia ha jugado, ganado y gustado. A pesar de que los problemas del país continúan, tendremos transitoriamente un paliativo mientras los de Queiroz sigan avanzando en la competencia.
En esta edición del certamen, el “loco” René Higuita ha vuelto a ser protagonista. En los partidos jugados por la tricolor ha aparecido más en pantalla que David Ospina y Álvaro Montero, pero no precisamente cortando un centro, pateando un tiro libre o anotando un gol. Ahora su jugada más comentada y repetida es cuando apuesta su cabellera.
En los países europeos la cantidad de dinero que mueven las apuestas deportivas en línea ha superado en los últimos años a la sumatoria de los otros juegos de azar en esta modalidad. Este veloz crecimiento se debe en gran medida a una estrategia publicitaria muy agresiva donde, por ejemplo, 19 de los 20 equipos que compitieron en el campeonato de fútbol de primera división de España de 2018 – 2019 tenían acuerdos publicitarios con casas de apuestas; ello sumado a que la organización del torneo fue patrocinada por una de ellas.
Las apuestas deportivas en internet se han popularizado entre los jóvenes. Datos españoles de la Dirección General de Ordenación del Juego muestran que  el 6,4% de los jóvenes con edades comprendidas entre los 14 y los 18 años han jugado dinero en internet. En Colombia no se conocen cifras, pero información social de la ciudad sugiere que la realidad aquí no es muy diferente, de hecho se sabe de jóvenes locales que son referentes de “emprendimiento” con este tipo de negocios.
Si bien en toda la publicidad de estas empresas se puede leer anuncios de advertencia, en letras muy pequeñas, que prohíben la participación de menores de edad, muy poco se hace en el mundo real para que esta regla se cumpla. Lo que para algunos solo será un juego más, para otros puede terminar en una pesadilla. La ludopatía (adicción patológica a los juegos de azar y a las apuestas) pertenece al grupo de trastornos relacionados con las adicciones y usualmente se acompaña de otras, frecuentemente alcohol o tabaco. Si bien la prevalencia de esta condición es muy baja, publicaciones científicas recientes muestran que el perfil de los enfermos empezó a cambiar, especialmente en la edad en que el apostador expresa los primeros síntomas del trastorno.
Los impuestos que pagan las apuestas deportivas en línea generan recursos para la nación. Si ya como país decidimos exponer a nuestros jóvenes a este tipo de publicidad incitadora, deberíamos también entonces garantizar que parte de ese dinero generado se emplee en campañas de educación acerca de los riesgos de este tipo de conductas. Al final siempre será mejor prevenir que tratar, y mejor educar que perseguir.
El “loco” Higuita, Valderrama, Piqué y muchos otros que con gran y sostenido trabajo alcanzaron la gloria en el deporte invitan ahora a apostar. Apoyados en su prestigio y en el poco esfuerzo, que vía apuestas aparentemente demanda el éxito, se alinean para que los apostadores se aventuren a hacerlo. Lo que intencionalmente este grupo de estrellas deportivas omiten decir es que al final “la banca siempre gana”.
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Columna de opinión publicada 28 de Junio 2019 en El Heraldo

El aire que respiramos

La atmósfera que rodea nuestro planeta está conformada por una mezcla de gases y partículas diminutas. Los gases reciben genéricamente el nombre de aire, y durante los millones de años de nuestra evolución, su composición se ha modificado, inicialmente como consecuencia de fenómenos naturales y más recientemente por la actividad humana.
Desde la primera vez que se usó el fuego para generar calor y luz, hasta los procesos productivos complejos de la actualidad, la contaminación antropogénica (la que causa el hombre) ha deteriorado la calidad de la atmósfera, generando condiciones que han afectado la salud de la especie. La revolución industrial, la refinación del petróleo y el surgimiento de la industria automovilística son considerados hitos en avances tecnológicos que aceleraron la afectación por este tipo de contaminación y condujeron sus efectos a escala global.
La Organización Mundial de la Salud calcula que al año mueren en el mundo cerca de 7 millones de personas por enfermedades relacionadas con la mala calidad del aire que respiran. Históricamente, las enfermedades más estudiadas por su alta frecuencia han sido las respiratorias y las cardiovasculares, pero un nuevo grupo de afectaciones ha empezado a cobrar importancia en las comunidades expuestas. Recientemente el investigador colombiano y profesor de la Universidad del Norte, Julián Fernández-Niño, publicó con su grupo varios estudios en los que llama la atención acerca de la asociación existente entre los altos niveles de polución del aire y la disminución de funciones cognitivas en adultos mayores, la aparición de trastornos depresivos y el bajo peso al nacer. En la misma línea, la escuela de salud pública de Harvard reveló un estudio donde evidencia la relación entre la exposición a partículas finas contaminantes del aire (humo o plomo) durante el embarazo, y la aparición de trastornos del espectro autista en los hijos de las mujeres expuestas.
En lo que a contaminación se refiere, lo que se ignora puede hacer daño, y al ser la polución del aire un factor modificable, existe la obligación ética y moral de los gobiernos de monitorear de manera adecuada la calidad del aire de los grandes centros urbanos. En Colombia, ciudades como Bogotá, Cali, Medellín y Bucaramanga tienen sistemas de monitoreo de acceso público con datos que pueden ser consultados en tiempo real. Barranquilla si bien ya cuenta con unas pocas estaciones de monitoreo, la información que se obtiene de ellas es aún limitada.

La topografía de nuestra ciudad y la presencia casi permanente de vientos tiene un efecto de dilución en la contaminación generada por el parque automotor. Estas condiciones pueden protegernos dentro de ciertos límites, los cuales se podrían estar rebasando con las frecuentes quemas en el Parque Isla Salamanca y con el desarrollo de grandes proyectos viales como el de la circunvalar de la prosperidad con su trazado por zonas densamente pobladas.

Poder respirar un aire limpio es responsabilidad de todos. Lo que hagamos juntos tendrá mayor impacto en términos reales. No contaminemos y denunciemos a quien contamina. Debemos hacerlo para cuidar nuestra salud.


Columna de opinión publicada 19 de Julio 2019 en El Heraldo


Lecturas complementarias:

1. Ambient air pollution, birth weight and preterm birth: a systematic review and meta-analysis: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/22726801

2. Association of Prenatal Exposure to Air Pollution With Autism Spectrum Disorder: https://jamanetwork.com/journals/jamapediatrics/article-abstract/2714386

3. Association between air pollution and suicide: a time series analysis in four Colombian cities:  https://doi.org/10.1186/s12940-018-0390-1

4. Weather and Suicide: A Decade Analysis in the Five Largest Capital Cities of Colombia: https://doi.org/10.3390/ijerph15071313

5. Exposure to ambient PM 2.5 concentrations and cognitive function among older Mexican adults : 10.1016/j.envint.2018.04.033




Tabaco y jóvenes

Las hojas de la planta Nicotiana tabacum son usadas en el continente americano para hacer tabaco desde hace milenios. La conquista extendió el consumo de este producto agrícola a Europa desde los primeros años del siglo XVI. Fumarla (inhalar y exhalar el humo) era solo una de las variedades de uso, pues también se aspiraba, masticaba, comía e incluso se untaba en el cuerpo.
Entre las numerosas sustancias que componen estas hojas se encuentra un alcaloide llamado nicotina que tiene el poder de aumentar los niveles de dopamina, neurotransmisor químico que estimula áreas del cerebro donde se controlan la satisfacción y el placer. Las civilizaciones indígenas prehispánicas no conocían este mecanismo de acción, pero si tenían claramente identificado el efecto que el consumo de tabaco, en cualquiera de sus formas, producía en el estado de ánimo y comportamiento de los consumidores.  
En el siglo XIX la costumbre de fumar se había generalizado en el mundo, sin embargo la cantidad de tabaco que se podía consumir estaba limitada por la disponibilidad del producto. Es solo hasta la última década de ese siglo, y a partir de un invento hecho por el estudiante universitario James Bonsack, que la producción de cigarrillos se industrializa, el precio baja sustancialmente y las campañas de publicidad y marketing se toman el planeta. Se recuerda todavía la famosa estrategia de regalar cigarrillos a los jóvenes soldados durante la primera guerra mundial, ocultando de manera intencional el alto poder adictivo de la nicotina y sus efectos nocivos en la salud por fumar, y que ya en ese momento se empezaban a reportar.
A partir de 1954, cuando se publicó el primer gran estudio epidemiológico que mostró la asociación estadística entre consumo de tabaco y cáncer de pulmón, la comunidad científica inició una batalla contra las tabacaleras para que se responsabilizaran de los daños causados a la salud pública mundial, y se comprometieran a no seguir promocionando sus productos sin advertir de los daños que producen. La Organización Mundial de la Salud se sumó a la causa vinculando a los países miembros en una lucha contra el tabaquismo.
Colombia, combinando una estrategia de mayores impuestos, ambientes libre de humo, menor acceso a cigarrillos y prohibición de publicidad entre otros, ha logrado avances en la disminución del tabaquismo que acaban de ser reconocidos por la comunidad internacional. No obstante lo anterior, aún falta implementar medidas concretas para tratar de manera integral a los adictos.
El Observatorio Nacional de Salud acaba de llamar la atención por el estancamiento en la disminución de fumadores entre los 12 y los 17 años en el último quinquenio y la muy leve entre los 18 y 24 años. Lo anterior podría empeorar en el futuro cercano con la introducción de los dispositivos electrónicos para “vapear” por parte de la industria tabacalera. Regalando nuevamente dosis de inicio y minimizando ante las nuevas generaciones los efectos dañinos que está práctica produce, se está en la búsqueda afanosa de consumidores que sostengan el lucrativo negocio.
La lucha está lejos de ganarse. En el país se calcula que cada año mueren 32.000 personas por el consumo de tabaco y se gastan 4,2 billones de pesos atendiendo enfermos por la misma causa.

Columna de opinión publicada 2 de Agosto 2019 en El Heraldo


viernes, 7 de junio de 2019

La isla

La semana pasada los barranquilleros nos enteramos, con gran asombro y profunda tristeza, que nuestro majestuoso río Magdalena había depositado en las playas de Puerto Colombia más de 600 toneladas de basura, contaminando cerca de 18 kilómetros de litoral del departamento. Esa gran masa se movía frente a los balnearios como una “isla” de desechos conformada por troncos y residuos inorgánicos entre los que se podían distinguir, incluso, electrodomésticos. La deforestación en las riveras y la poca conciencia ecológica de algunos habitantes río arriba ocasionaron el fenómeno.
Tan importante como la basura que nos trajo el río en forma de “isla”, es la contaminación que no vemos y que desde hace años se deposita en nuestro suelo y en los organismos vivos que entran en contacto con su agua.
La cuenca del Magdalena ocupa un 24% del territorio colombiano y en ella se encuentran 11 departamentos, donde vive un poco más del 70% de la población colombiana, produciendo cerca del 80% de su producto interno bruto. Esta preponderancia en la realidad económica y demográfica nacional tiene su precio para el río. Actividades como la producción industrial o la minería ilegal contaminan con metales pesados el agua y si bien, por su gran caudal, estos terminan diluyéndose hasta niveles aparentemente seguros para los seres humanos, poco se ha estudiado el impacto en el entorno de contener esta agua en pozos o lagunas, o de cómo nos afecta el consumo de animales crónicamente expuestos a ella.
La contaminación biológica es un problema ancestral del río. Muchos de los municipios ubicados en su cuenca hacen vertimiento de aguas residuales domésticas sin tratamiento o inadecuadamente tratadas. En muchos municipios de la Ciénaga Grande de Santa Marta es frecuente la aparición de picos epidémicos de enfermedades asociadas a la contaminación del agua. Al respecto, el Índice de Calidad Ambiental Marina – ICAM, relaciona y pondera variables físicas y químicas para clasificar entre 0 % (pésima calidad) y 100 % (óptima calidad) las características de las aguas marinas para la preservación de la flora y fauna presentes en ella. Este índice ha mostrado que ocasionalmente en algunas zonas costeras del departamento del Atlántico las concentraciones de microorganismos en el agua alcanzan niveles que las clasifican como no aptas para uso recreativo por contacto primario (natación y buceo libre), reflejando de manera indirecta el impacto de la descarga de un río biológicamente contaminado.
El río también está afectado por los llamados contaminantes emergentes. Los pesticidas, las hormonas y los antibióticos pertenecen a este grupo. Estas sustancias son potencialmente nocivas para la salud y el medio ambiente, y a la fecha su monitoreo está escasamente regulado. El glifosato es un contaminante emergente, su uso indiscriminado con aspersión en la gran cuenca del Magdalena podría generar efectos indeseables en los organismos que vivimos cauce abajo.
Ahora que Barranquilla vuelve a interactuar con su río, recibiéndolo como se merece después de su largo recorrido por el país, se torna indispensable que como ciudadanía participemos en su cuidado. Intervenir en los debates nacionales que buscan preservar y mejorar la calidad de su agua es un compromiso ineludible que tenemos como sociedad.
Columna de opinión publicada 7 de Junio 2019 en El Heraldo

Lecturas complementarias:







jueves, 6 de junio de 2019

Decisiones

La vida social humana es ricamente compleja por las elecciones que permanentemente debemos hacer. Estas decisiones van desde cosas trascendentales, como la profesión a estudiar, hasta las relativamente banales de decidir, si tomamos o no otra taza de café.
El desarrollo de nuestra civilización ha aumentado el número de decisiones que podemos y debemos tomar. La diversidad de productos de consumo ha crecido exponencialmente y en un ejemplo diario pasamos, en menos de 30 años, de escoger entre dos canales de televisión a una oferta ilimitada de contenido audiovisual en televisores, computadores, tabletas y celulares.
Un gran número de las elecciones diarias las hacemos siguiendo rutinas o hábitos, para algunas otras debemos hacer una consideración consciente entre las alternativas, sopesando la información y seleccionando la opción más prometedora en términos de resultados deseados. Estas últimas nos obligan a autorregularnos constantemente para anular las respuestas automáticas, lo cual consume nuestra energía a medida que avanza el día tomando decisiones.
Un ejemplo famoso de fatiga por toma de decisiones diarias en el ámbito profesional se puede leer en una investigación de jueces israelíes publicada hace algunos años. Ante casos similares, en lo que decidían si otorgaban o no libertad condicional al acusado, el veredicto variaba dependiendo de en qué momento de la jornada laboral se presentaba el caso. Consistentemente se evidenció que al inicio del dia de trabajo y en las horas inmediatas siguientes al receso de medio día más sujetos recibieron la decisión de libertad condicional. Prácticamente ningún caso de los valorados justo antes de tener las pausas para descanso obtuvo la libertad condicional. Desde la perspectiva del prisionero, el que su caso fuese evaluado al inicio de la sesión o inmediatamente después de la pausa le daba una clara ventaja.
Los médicos estamos expuestos en nuestra práctica diaria a este tipo de fatiga. Cada acto médico lleva implícito la toma de un gran número de decisiones. Casi de manera continua debemos decidir si solicitamos o no un examen, si formulamos o no un tratamiento. Un estudio reciente mostró que al avanzar la jornada de consulta externa la adherencia de los profesionales a las guías para la formulación de pruebas que detectan precozmente el cáncer disminuía. Trabajos anteriores ya habían hecho evidente la mayor probabilidad de que se formule un antibiótico para una infección viral a medida que pasan las horas del médico trabajando en atención primaria. Parece ser que la fatiga tomando decisiones nos induce a hacer lo más sencillo en términos de gasto energético, que es decidir siguiendo una rutina: formular antibióticos en lugar de argumentarle al paciente por qué no son necesarios, o no solicitar pruebas para evitar tener que explicarlas.
Las largas y pesadas jornadas laborales que nos imponemos en el ejercicio profesional en salud terminan magnificando el impacto de la fatiga por la toma de decisiones. Las consecuencias en términos económicos para el sistema y en el bienestar de nuestros pacientes aún no se alcanzan a dimensionar.
A los médicos nos gusta considerarnos personas que tomamos decisiones racionales, pero todo parece indicar que, al igual que los jueces del estudio israelí, la racionalidad varía dependiendo del momento del día.



Columna de opinión publicada 23 de Mayo 2019 en El Heraldo