El próximo 3 de
Septiembre se cumplirán 6 años desde que el decano de Ingenierías de la Universidad
del Norte me detuvo en el pasillo principal del campus para anunciarme, en tono
de burla, que dados los últimos acontecimientos en el país era muy posible que
las Divisiones de Salud e Ingenierías se fusionaran bajo una sola decanatura.
Su jocoso comentario
se fundaba en que Alejandro Gaviria, Ingeniero Civil de profesión, acabada de
ser nombrado como ministro de salud por el presidente Juan Manuel Santos.
Al llegar a mi
oficina inmediatamente confirmé, con algo de amargura, que nuestro maltrecho
sistema de salud sería desde ese día regido por un ministro que al
parecer poco sabía del tema y cuyos antecedentes laborales lo vinculaban más a
la administración de recursos que a la generación de bienestar en seres humanos
a través de mejores niveles de salud.
El escepticismo
moderado de los que nos dedicamos a la ciencia, hizo que empezara a buscar la
oportunidad de interactuar con el Dr. Gaviria, intentando conocer lo que pasa
por la cabeza de un Ingeniero Civil cuando le hablan de mortalidad infantil o
enfermedades crónicas no trasmisibles. Muy rápido la oportunidad se dio y fue
durante un foro en Barranquilla cuando tuve la fortuna de compartir mesa
principal con el ministro.
Esa primera conversación giró entorno a los procesos de selección de los
gerentes de las empresas sociales del estado (E.S.E.) . Su posición era clara y
creo que puedo resumirla en una de sus pragmáticas posiciones al decir que los
mandatarios, alcaldes y gobernadores, debían
asumir la responsabilidad política de la designación y el trabajo del gerente o
director del hospital y dejar de escudarse en concursos, que igual se
intentaban manipular, realizados por instituciones y centros académicos.
A partir de ese momento empecé a seguir sus intervenciones, trinos y conferencias.
Por esas cosas que pasan teniendo probabilidad cero de que sucedan, como él
dice, acabamos coincidiendo en muchos espacios académicos y políticos, incluso
trabajando juntos en la exitosa respuesta como país ante la epidemia del virus
Zika.
Otra vez por ese
bendito azar, que ya sabemos él cree que puede más que la voluntad, nos tocó a
los dos inaugurar a la comunidad del departamento del Atlántico el servicio de
urgencias más completo de la región. Ese día mis hijos, los estudiantes y mis
amigos pudieron saludar al ministro del que yo tanto hablaba y pedirle les
dedicara su recién lanzado libro, “Alguien tiene que llevar la contraria”.
Y así , azar
tras azar , lectura tras lectura , trino tras trino , fui conociendo a la
persona detrás del cargo y evidenciando que la erudición necesaria para ser un buen ministro
de salud siendo Ingeniero Civil es el actuar siempre apegado a principios, sin
aferrarse a nada y mucho menos dejándose imponer algo. También pude resolver mi
pregunta inicial al darme cuenta que por su cabeza pasó, pero para quedarse, cada colombiano
independientemente de su condición social o política que necesitó de su apoyo
para superar una situación ligada a su salud.
Termino sin
pretender tenderle la trampa del aplauso al ministro, pues al final él solo ha
hecho lo que una persona buena y agradecida por los privilegios que la vida le
ha concebido puede hacer, servir a los demás.
Gracias Señor Ministro.
Hernando Baquero
Latorre
Médico Pediatra
Neonatólogo