El abuso
de medicamentos del grupo de los opiáceos (morfina, codeína, oxicodona
y metadona entre otros) para el tratamiento del dolor se ha convertido en el
más reciente problema de salud pública de los países desarrollados. El
presidente Trump ha declarado el estado de emergencia en su país como respuesta a la
epidemia de sobredosis de opiáceos (legales e ilegales) Trump - Emergencia Nacional por Opioides - Trump - Emergencia de Salud Pública .
Estudios realizados en
Estados Unidos muestran que el 20% de los pacientes que consultan con síntomas
de dolor no canceroso o diagnósticos relacionados con dolor agudo o crónico
reciben una prescripción con estos medicamentos, lo que en números absolutos equivale
a más de 260 millones de recetas por año. Si bien la cantidad total de diagnósticos
asociados a dolor en los estadounidenses se ha mantenido más o menos estable,
la cantidad de recetas de opiáceos formuladas por los médicos se ha
cuadruplicado desde 1999. America's Most Popular Drugs - 2010
Los
productos de hidrocodona (oxicodona, codeína) son los más comúnmente prescritos
para una gran cantidad de condiciones de salud que producen dolor, incluyendo
el dolor de origen odontológico y el dolor relacionado con trauma. La morfina
se utiliza con relativa frecuencia para el manejo del dolor antes y después de procedimientos quirúrgicos ; la codeína además de sus propiedades analgésicas es muy efectiva
para quitar la tos. Cirugía Urológica y abuso
En
Colombia los pocos datos existentes muestran que el consumo de estos
medicamentos va en aumento, con el agravante de que a pesar de existir la
obligatoriedad de ser vendidos solo con fórmula médica, estos se consiguen con
mucha facilidad sin ellas. El último estudio nacional de consumo de sustancias
psicoactivas realizado en el país mostró que 500.000 Colombianos habían
consumido al menos una vez en su vida estas sustancias sin que fueran ordenadas
por un médico.
Cualquiera
que tome opiáceos recetados puede convertirse en adicto a ellos y desarrollar
tolerancia, lo que significa que con el tiempo necesite dosis más altas para
aliviar su dolor, colocando al paciente en mayor riesgo de una sobredosis
potencialmente fatal. Estas sustancias son tan potentes que incluso después de
una pocas dosis se desarrolla dependencia física produciendo síntomas de
abstinencia cuando su consumo se detiene.
Los opiáceos
sólo se deben usar cuando sea necesario y sólo durante el tiempo que sea indispensable;
generalmente, para el dolor agudo esto suele ser máximo por 3 días; más de 7
días es raramente necesario. Para el dolor crónico, antes de su uso se deben
considerar opciones menos adictivas y siempre valorar con su médico si usted o
alguien de su familia tiene antecedentes de uso indebido de sustancias o
adicción a drogas o alcohol. Cuando son formulados nunca se deben tomar en
cantidades más altas o con más frecuencia de lo prescrito.
Al
problema con los opiáceos se le ha agregado en el país el uso de los
medicamentos tranquilizantes, antidepresivos y antipsicóticos sin prescripción
médica. La prevalencia de uso mensual de estas sustancias es de más de 120.000
Colombianos.
Más allá entonces de las voces que siempre se alzan cuando se retoma el debate acerca de la legalización de las drogas ilícitas, creo como país estamos en mora de conversar acerca del uso y abuso de las drogas lícitas, porque muy seguramente su impacto en salud pública terminará de lejos convirtiéndose en emergencia.
Nota Original publicada en El Heraldo - Barranquilla - Octubre 2017