lunes, 25 de marzo de 2019

Las enfermedades del compositor

Conocí la música clásica y a sus grandes compositores de la mano de mi padre. Los domingos, muy temprano en la mañana, la cita familiar era con el televisor para ver y escuchar, en el más absoluto silencio, el programa Música para Todos transmitido por Inravisión. Aún recuerdo la curiosidad que se despertó en mi al enterarme que Ludwing van Beethoven era sordo cuando compuso su Sinfonía n.º 9 en re menor, op. 125.

Apoyado en mi formación médica y motivado en el interés por conocer más acerca de la discapacidad del compositor, emprendí años después el estudio de la historia clínica del famoso paciente.

Ludwing fue el segundo de siete hijos, de los cuales solo tres sobrevivieron más allá de la temprana infancia. Vivió casi 57 años, 21 menos de la expectativa de vida promedio para los hombres hoy en Alemania. Padeció desde muy temprano en su vida problemas de salud asociados con la función del intestino y con la audición. Muchas causas se han mencionado como factor común desencadenante de los síntomas mencionados, entre ellas la tuberculosis, la intoxicación crónica por plomo y algún tipo de afectación inmunológica.

Los últimos años de la vida del genial compositor se vieron marcados por un trastorno de ansiedad social combinado con síntomas de depresión que lo llevaron a abusar de la ingesta de alcohol. De manera insólita y contradictoria, a medida que su salud y audición se deterioraban aceleradamente, su obra musical se engrandecía.

Basados en el anterior breve resumen de la historia clínica de Beethoven se pueden enumerar algunos de los impactantes avances en salud que han permitido extender de manera significativa la longevidad de la especie humana. La vacunas y el uso adecuado de los antibióticos han logrado disminuir de manera importante las muertes por enfermedades infecciosas en la infancia. La Salud Ocupacional y la Salud Ambiental han evitado la exposición, de trabajadores y de la comunidad en general, a prácticas peligrosas en la preservación de alimentos y alfarería con preparados a base de plomo. El desarrollo de la investigación en ciencias básicas biomédicas ha permitido entender y tratar enfermedades de origen molecular que alteran entre otros, a nuestro sistema de defensas.

Lamentablemente el músico no logró beneficiarse de los citados adelantos científicos que hubiesen podido prolongar su creativa existencia. Si bien, su relativa corta vida estuvo marcada por el sufrimiento físico, su obra ha logrado alegrar muchas existencias con los ratos de placer que se viven al escucharla.


La próxima semana, justo a punto de cumplirse los 195 años de la “Coral” haber sido estrenada, tendremos en Barranquilla el Concierto Euro-Caribe en el marco de la Cátedra Europa de la Universidad del Norte. Será esta una oportunidad única de gozar con la interpretación, por más de 200 músicos, de lo que los organizadores han llamado, Beethoven se vive en el Caribe Colombiano.

* Publicada como columna de opinión el 14 de Marzo – El Heraldo - Barranquilla, Colombia
https://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/hernando-baquero/enfermedades-607914

Lecturas Relacionadas:


1. Beethoven's autopsy revisited: A pathologist sounds a final note - https://doi.org/10.1177/0967772015575883

2. Diagnosing Genius: The Life and Death of Beethoven - Por François Martin Mai ( https://books.google.com.co/books?id=VqajnKzxTJMC&dq=Beethoven+medical+record )


3. Ludwig van Beethoven: a medical biography - https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0140673696903463


4. Symphony No. 9 ~ Beethoven. London Symphony Orchestra, cond. Josef Krips Soloists: Jennifer Vyvyan (EDIT), Soprano  Shirley Verret, Mezzo-Sopran https://youtu.be/t3217H8JppI


lunes, 4 de marzo de 2019

Fin de una historia feliz


Es usual que cada cierto tiempo se elaboren listas de los avances en salud pública más importantes de la humanidad en los tiempos modernos. 
Dependiendo de la fuente que liste los logros se mencionan, con diferentes grados de importancia, las vacunas, la planificación familiar, la salud ocupacional o la concientización de los daños que produce el tabaquismo, entre otros. Las citadas listas coinciden en que la mejoría en la salud infantil y materna han cambiado de manera ostensible la calidad de vida de los seres humanos y de alguna manera contribuirán para la supervivencia de la especie en los próximos siglos.
Una forma objetiva de medir la salud infantil con fines de comparación entre períodos de tiempo y entre regiones o países se logra con la tasa de mortalidad infantil (TMI: Número de defunciones de niños menores de un año por cada 1.000 nacidos vivos en un determinado año). 
La concepción integradora de la génesis del fenómeno salud–enfermedad incluye determinantes sociales como explicación para los avances conseguidos en cosas tan concretas como la mortalidad infantil. En América Latina, de una manera no tan equitativa como se deseó, se consiguió durante el último siglo mejorar dramáticamente las condiciones de vivienda, el desarrollo vial, el acceso y calidad de los servicios de salud a casi toda su población. Estos avances sociales ayudaron, a que de manera general y aproximada para los países de la región, la tasa de mortalidad infantil promedio disminuyera de 150 en 1920 a 20 en el año 2017.
Para lograr disminuir de manera sostenida esta tasa los países han tenido que realizar grandes inversiones en infraestructura, formación de talento humano y generación de capacidades en las comunidades y en sus gobiernos. Cada punto logrado en la disminución de ella habla de avances en los niveles de bienestar de la población.
Desafortunadamente, esta historia feliz de éxitos como continente ha llegado a su final con el desastre social, económico y político que vive Venezuela. Las últimas cifras publicadas para ese país en 2016 muestran que la mortalidad infantil, después de 70 años de disminución sostenida, subió a cifras iguales a las reportadas en 1990. Algunos investigadores incluso advierten que el retroceso puede ser peor, pues en tiempos de crisis tan profundas, como la que ellos viven, las muertes fuera de los hospitales crecen y rompen todo patrón histórico de registro.
A pesar de esta dura realidad, expresada aquí en términos de salud pública, el gobierno venezolano sigue sin reconocer la emergencia en salud que su pueblo vive y más triste aún, se sigue rehusando a recibir la ayuda humanitaria que el mundo le ofrece.
* Publicada como columna de opinión el 15 de Febrero – El Heraldo - Barranquilla, Colombia
https://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/hernando-baquero/fin-de-una-historia-feliz-597713


Lecturas Relacionadas:

Trends in infant mortality in Venezuela between 1985 and 2016: a systematic analysis of demographic data - https://www.thelancet.com/journals/langlo/article/PIIS2214-109X(18)30479-0/fulltext

Venezuela retrocede 20 años en mortalidad infantil - https://www.elespectador.com/noticias/salud/venezuela-retrocede-20-anos-en-mortalidad-infantil-articulo-840731

Venezuela retrocede 20 años en mortalidad infantil - https://www.scidev.net/america-latina/salud/noticias/venezuela-retrocede-20-anos-en-mortalidad-infantil.html





Presumir de saber


El sarampión fue una enfermedad que padecimos casi todos los de mi generación. Su alta contagiosidad la convertía en importantes epidemias regionales cada dos o tres años, mismas que llegaron a causar mas de dos millones de muertes en 1980, según la Organización Mundial de la Salud. En la mitad de la década de los años sesenta, se empezó a vacunar contra la enfermedad y casi de manera inmediata los casos de sarampión y sus complicaciones severas empezaron a disminuir.
En este tipo de enfermedad, la persona desarrolla defensas contra ella cuando se contagia o recibe la vacuna. Esta inmunidad usualmente es de por vida, así que cuando mucha gente de una comunidad se vuelve inmune, el agente causante no encuentra a quién infectar, llevándolo prácticamente a desaparecer, como sucedió con la viruela.
Recientemente, y para preocupación de todos, en diversos sitios del mundo se han dado alertas epidemiológicas por brotes de sarampión. Las comunidades en las cuales han aparecido estos casos tienen en común bajas coberturas de vacunación, lo que ha facilitado que la enfermedad resurja y aparezcan nuevamente las complicaciones severas propias de ella.
En Europa y en Estados Unidos esas bajas coberturas de vacunación se presentan casi exclusivamente en grupos poblacionales que creen sin cuestionamientos en las teorías generadas por los movimientos antivacunas, las cuales sistemáticamente niegan los beneficios de las estas, a pesar de la gran evidencia disponible que los demuestran. Muchas veces también tienden a magnificar los infrecuentes efectos secundarios, haciendo asociaciones causales que no han resistido el debate científico serio. Muchos estudios recientes han coincidido en que las personas que pertenecen a estos grupos creen saber tanto o más que el personal de salud y los científicos. Este exceso de confianza tiene consecuencias nefastas cuando se trata de actitudes ante políticas de salud, pues estando desinformados al respecto terminan generando una corriente de incertidumbre en la población que afecta el éxito de las intervenciones colectivas en salud pública, como es el caso de la vacunación masiva.
Ojalá esta moda, de saber menos pero presumir más, no crezca en nuestro país, pues con la entrada masiva de migrantes con muy bajas tasas de vacunación podríamos llegar a crear las condiciones perfectas para una epidemia con las tristes consecuencias que ya conocemos.
A la fecha, el último boletín epidemiológico disponible del Instituto Nacional de Salud muestra que en lo últimos 11 meses se han confirmado en el país 237 casos de Sarampión en Colombia. Barranquilla es la segunda ciudad con más casos confirmados, razón por la cual toda persona que sea identificada por las autoridades de salud como susceptible de contagiarse y enfermarse debe recibir la vacuna.
* Publicada como columna de opinión el 1 marzo 2019 – El Heraldo - Barranquilla, Colombia https://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/hernando-baquero/presumir-de-saber-602398
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