Por razones que van desde una clara intención de llamar la atención hasta volver comprensible lo confuso, pasando por la necesidad de crear nombres para realidades que no las tienen, usamos con frecuencia las metáforas. Sin ser muy conscientes, ellas están en nuestro lenguaje cotidiano y dicen más de lo que estamos dispuestos a admitir, o de lo que explícitamente expresamos.
Cuando en salud nos referimos a las infecciones, las metáforas preferidas son tomadas de la guerra: nuestro cuerpo es atacado por agresivos invasores, contra los cuales, la defensa con antimicrobianos resulta ser un arma muy efectiva. Es difícil encontrar una forma más simple para describir cómo actúan estos medicamentos. Sin embargo, en ella se omite que al atacar con armamento de poca precisión a las agresores podemos causar daños muy severos a la población que pacíficamente reside.
En nuestro cuerpo tenemos más microorganismos que células. Desde el nacimiento somos colonizados de manera progresiva y continua por un sin número de ellos que en conjunto reciben el nombre de microbiota. Aun no alcanzamos a comprender completamente la relación que existe entre estos, nuestros huéspedes biológicos, y nuestra salud. Sabemos con certeza que son fundamentales para la nutrición y el metabolismo, que ayudan al crecimiento y recuperación de algunos epitelios, y que nos defienden contra agentes infecciosos.
Diariamente se esta generando nuevo conocimiento acerca de esta inmensa población de seres vivos que nos habita. Apropiándonos de él hemos cambiado ese enfoque darwinista puro, que usaba la metáfora para explicar la evolución en el planeta con la idea de que solo sobrevivió el más fuerte. Hoy sabemos que la competencia de todos contra todos no fue el principal mecanismo evolutivo; que si bien los seres vivos competimos permanentemente por los siempre limitados recursos y por las mejores oportunidades de reproducción, solo la cooperación entre las especies, estableciendo relaciones de interés mutuo, logró las fuerzas impulsoras necesarias para una evolución simultánea y exitosa.
Los seres humanos formamos parte de ecosistemas complejos, el todo depende de cada una de las partes, cualquier alteración en apariencia menor afecta el conjunto, porque ningún elemento orgánico o inorgánico, grande o pequeño actúa desconectado de los demás. Bacterias y hongos facilitan nuestra digestión, nos cuidan la piel, nos mantienen sanos. Los ataques sin precisión que hacemos contra ellos terminan debilitando la diversa y útil vida que hay dentro de nosotros.
Más claramente aún, si bien en algunos momentos de nuestras vidas podemos entrar en conflicto con algún microorganismo y debemos usar armas potentes contra ellos, la guerra puede, metafórica o literalmente, producir daño severo en todo el sistema.
El uso indiscriminado de antibióticos usualmente acaba con los invasores, pero también puede hacerlo con los ciudadanos buenos que nos protegen de la aparición de agentes como la candida auris, hongo que ha sido reportado recientemente en algunos estados de Norteamérica como causante de infecciones hospitalarias letales.
hmbaquero@gmail.com
@hmbaquero
Columna de opinión publicada 9 de Mayo 2019 en El Heraldo
https://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/hernando-baquero-latorre/metaforas-630298
@hmbaquero
Columna de opinión publicada 9 de Mayo 2019 en El Heraldo
https://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/hernando-baquero-latorre/metaforas-630298
No hay comentarios:
Publicar un comentario