La prestigiosa revista Time seleccionó como personaje del año que termina a Greta Thunberg, la joven activista medioambiental sueca que se hizo célebre con su “huelga escolar por el clima” (Skolstrejk för klimatet). Es mucho y diverso lo que se ha escrito acerca de ella, por lo que en este texto me referiré solo a su conocida condición médica.
Greta fue diagnosticada a los 11 años con síndrome de Asperger, trastorno obsesivo-compulsivo y mutismo selectivo. A estos diagnósticos solo se llegó después de un episodio depresivo severo. Llama la atención, que en un país donde la atención en salud es universal y gratuita, donde el gobierno invierte casi el 12% del PIB en gastos de salud y donde existen 4,2 médicos por cada 1.000 habitantes, el diagnóstico se haya retrasado para la media de edad en la cual se hace en otros países con menores bondades sociales que Suecia, hecho que será tema de una próxima columna.Las personas que padecen este síndrome tienen intereses restringidos y comportamientos repetitivos. Sus conductas son anormalmente intensas o focalizadas, fijándose en determinadas áreas de interés específicas y muy concretas. Por ejemplo, memorizar nombres de ríos, su caudal y longitud, sin que exista necesariamente una compresión geográfica del tema. Las primeras manifestaciones usualmente se perciben alrededor de los 5 a 6 años. No existen tratamientos específicos para esta condición, el manejo está basado en instaurar terapias psicológicas tempranas que ayuden a mejorar la sintomatología, enseñando habilidades sociales, comunicativas y ocupacionales que le permitan al afectado una adecuada integración a su entorno.
Si bien, la inteligencia casi nunca está comprometida, la adquisición y uso del lenguaje suelen presentar características atípicas. En una revisión rápida de las intervenciones públicas de la adolescente Thunberg, se pueden identificar particularidades en la forma que comunica sus ideas. Lo anterior ha sido perversamente utilizado en su contra por sus opositores. Juzgarla sin aceptar su condición de discapacidad viola todo sentido de humanidad y degrada a los personajes que se han aventurado a hacerlo. Perderse en las formas, sin asimilar el fondo de su mensaje, significaría en sus palabras “seguirle fallando a los jóvenes”.
Suecia invierte aproximadamente el 8% de su PIB en educación. Como país se le reconoce por contar con un sistema educativo moderno que considera a todos los estudiantes seres inteligentes capaces de adquirir, vivenciar y experimentar con el conocimiento. Mucho del éxito de su educación lo cimentan en las capacidades y habilidades que, desde tempranas edades, logran desarrollar en los educados para que actúen con su medio social y realicen transformaciones positivas a su realidad. Aceptando que el síndrome de Asperger posiblemente ha influido para que Greta se mantenga enfocada en su causa, evitando distraerse por los “afanes” de su edad, es innegable que su caso de éxito (liderazgo transformador) se convierte en la mejor evidencia de lo que una educación inclusiva de calidad puede lograr en la talentosa y diversa juventud actual. Nuestro país con el decreto 1421 de 2017 reglamentó, en el marco de la educación inclusiva, la atención educativa a la población con discapacidad.
PD: En Colombia hay 1,8 médicos por 1.000 habitantes – Se invierte 7,2 % y 4,3% del PIB en salud y educación respectivamente.
@hmbaquero
Columna de opinión publicada 27 de Diciembre 2019 en El Heraldo
No hay comentarios:
Publicar un comentario